Una de las mayores preocupaciones antes de una cirugía de columna es sencilla de entender: “¿y si se daña un nervio o la médula durante la operación?”. La monitorización neurofisiológica intraoperatoria, también conocida como IONM por sus siglas en inglés, ayuda a vigilar la función de la médula espinal, las raíces nerviosas y otras estructuras neurológicas mientras el cirujano trabaja.
No es una garantía absoluta ni convierte una cirugía compleja en una intervención sin riesgo. Su valor está en otra cosa: aporta información en tiempo real para que el equipo pueda detectar cambios, interpretar qué puede estar ocurriendo y actuar antes de que una alteración sea irreversible.
- La monitorización neurofisiológica intraoperatoria registra señales del sistema nervioso durante la cirugía.
- Puede vigilar vías motoras, sensitivas y raíces nerviosas mediante técnicas como potenciales evocados motores, potenciales evocados somatosensoriales y electromiografía.
- Es especialmente útil en cirugías de alto riesgo neurológico, como deformidades, tumores, cirugías torácicas, revisiones complejas y algunos abordajes laterales.
- No elimina el riesgo al 100%, pero puede ayudar a detectar problemas a tiempo.
- La anestesia, la tensión arterial, la temperatura, la posición del paciente y la técnica quirúrgica pueden afectar a las señales.
- El paciente debe entender qué aporta, qué no aporta y en qué casos tiene más sentido.
Qué es la monitorización neurofisiológica intraoperatoria
La monitorización neurofisiológica intraoperatoria es un conjunto de técnicas que registran la actividad eléctrica del sistema nervioso durante una operación. En cirugía de columna, su objetivo principal es vigilar si la médula, las raíces nerviosas o determinados nervios siguen funcionando correctamente mientras se realiza la intervención.
Dicho de forma sencilla: antes de empezar los pasos más delicados, el equipo obtiene unas señales de referencia. Durante la cirugía, esas señales se comparan con las iniciales. Si cambian de forma significativa, el neurofisiólogo avisa al equipo quirúrgico y anestésico para investigar la causa.
El cambio puede deberse a muchas razones: tracción sobre una estructura nerviosa, compresión, alteración del riego sanguíneo, posición del paciente, cambios de tensión arterial, temperatura, anestesia o un problema técnico del registro. Por eso la monitorización no consiste solo en “mirar una pantalla”; requiere interpretación, comunicación y respuesta coordinada.
Por qué importa en cirugía de columna
La columna protege la médula espinal y las raíces nerviosas. En algunas operaciones, estas estructuras están cerca del campo quirúrgico o pueden verse afectadas por maniobras de corrección, colocación de implantes, descompresión, resección de tumores o abordajes complejos.
La lesión neurológica grave es poco frecuente, pero puede tener consecuencias importantes: pérdida de fuerza, alteración de la sensibilidad, dolor neuropático, problemas para caminar o, en casos excepcionales, parálisis. Por eso, en cirugías seleccionadas, disponer de una herramienta que avise de cambios neurológicos durante la intervención puede ser muy valioso.
La monitorización ayuda a pasar de una cirugía basada solo en anatomía visible e imagen a una cirugía con información funcional. Es decir, no solo se ve dónde están las estructuras, también se comprueba cómo responden.
Qué estructuras se vigilan
La estructura que más preocupa en muchas cirugías es la médula espinal, especialmente en operaciones cervicales y torácicas. La médula transmite señales entre el cerebro y el resto del cuerpo. Una alteración relevante puede afectar al movimiento o a la sensibilidad.
También pueden vigilarse raíces nerviosas, que son los nervios que salen de la columna hacia brazos, tronco o piernas. Esto puede ser importante en cirugías lumbares, cervicales o abordajes laterales donde las raíces están cerca de la zona de trabajo.
En algunos casos se monitorizan nervios periféricos concretos, la función motora de grupos musculares o vías sensitivas. La elección depende de la cirugía, del nivel de la columna, de los síntomas previos y del riesgo neurológico esperado.
Qué técnicas se utilizan
Potenciales evocados motores
Los potenciales evocados motores evalúan la vía que lleva la orden de movimiento desde el cerebro hasta los músculos. Son útiles para vigilar la función motora, especialmente cuando existe riesgo para la médula espinal. Si la señal motora cae de forma importante, el equipo debe descartar causas anestésicas, circulatorias, técnicas o quirúrgicas.
Potenciales evocados somatosensoriales
Los potenciales evocados somatosensoriales valoran vías relacionadas con la sensibilidad. Suelen obtenerse estimulando nervios periféricos y registrando la respuesta a lo largo del sistema nervioso. Son especialmente útiles para detectar cambios en la conducción sensitiva.
Electromiografía espontánea y estimulada
La electromiografía, o EMG, registra actividad muscular relacionada con raíces o nervios. Puede ayudar a detectar irritación de una raíz nerviosa o a comprobar la proximidad de determinados instrumentos o implantes respecto a estructuras nerviosas.
Monitorización multimodal
En muchas cirugías no se utiliza una sola técnica, sino una combinación. A esto se le llama monitorización multimodal. Tiene sentido porque cada técnica mira una parte distinta del sistema nervioso. Una vía puede mantenerse estable mientras otra cambia, y esa información ayuda a interpretar mejor la situación.
En qué cirugías suele ser más importante
La monitorización neurofisiológica no tiene la misma utilidad en todas las cirugías. En procedimientos pequeños y de bajo riesgo puede no ser necesaria. En cambio, suele tener más sentido cuando la médula o las raíces nerviosas están en riesgo real.
Algunos ejemplos son las cirugías de deformidad de columna, como escoliosis o cifosis complejas; las cirugías torácicas, porque la médula ocupa un papel muy relevante; las cirugías cervicales con mielopatía o compresión medular; las cirugías de revisión, donde puede haber cicatriz, anatomía alterada o implantes previos; y algunos abordajes laterales lumbares, donde el trayecto se acerca al plexo lumbar.
También puede considerarse en tumores intramedulares o extramedulares, malformaciones, traumatismos, grandes correcciones de alineación o intervenciones donde se prevé manipulación cercana a estructuras neurológicas críticas.
La decisión no debe tomarse por moda ni por marketing. Debe basarse en el tipo de cirugía, el nivel de la columna, la patología, el riesgo individual y la disponibilidad de un equipo entrenado.
Qué ocurre si una señal cambia
Un cambio de señal no significa automáticamente que se haya producido una lesión irreversible. Significa que hay que detenerse, interpretar y actuar. La respuesta depende de la situación.
El equipo puede comprobar primero si hay un problema técnico: electrodos desplazados, interferencias, cambios en los parámetros de registro o mala calidad de señal. Después se revisan factores anestésicos y fisiológicos: tensión arterial, oxigenación, temperatura, profundidad anestésica, relajantes musculares o pérdida de sangre.
Si se sospecha una causa quirúrgica, se puede aflojar una corrección, retirar o revisar un implante, liberar una zona de presión, modificar la posición del paciente, irrigar, esperar recuperación de la señal o realizar una prueba de imagen intraoperatoria si está disponible.
La clave es la comunicación. La monitorización solo es útil si la información llega de forma clara y rápida a quienes pueden tomar decisiones en ese momento.
Beneficios frente a riesgos y limitaciones
Beneficios potenciales
El principal beneficio es detectar cambios neurológicos durante la operación, cuando todavía puede haber margen para intervenir. También ayuda a orientar decisiones: continuar, pausar, modificar una maniobra, revisar un tornillo, subir la tensión arterial o corregir un factor anestésico.
En cirugías complejas, puede aportar una capa adicional de seguridad y documentación funcional. Además, obliga a una planificación más cuidadosa entre cirugía, anestesia y neurofisiología.
Limitaciones
No detecta todas las lesiones posibles. Ninguna técnica es perfecta. Puede haber falsos positivos, cuando la señal cambia sin que exista una lesión real, y falsos negativos, cuando no se detecta una lesión que después se manifiesta clínicamente.
La anestesia puede alterar las señales. Por eso, cuando se usa monitorización, el anestesista suele adaptar los fármacos para conservar registros fiables. También influyen la temperatura corporal, la tensión arterial, la oxigenación, la anemia, la posición y el estado neurológico previo.
Riesgos y molestias
La monitorización suele implicar la colocación de pequeños electrodos en cuero cabelludo, brazos, piernas o músculos concretos. Puede dejar pequeñas marcas, irritación local o hematomas leves. En técnicas con estimulación, pueden producirse movimientos musculares durante la cirugía, controlados dentro del entorno anestésico.
Los riesgos principales no vienen tanto de la monitorización en sí, sino de interpretar mal una señal, comunicar tarde un cambio o utilizarla fuera de contexto. Por eso es fundamental que la realice personal entrenado y que el equipo tenga un protocolo claro de respuesta.
Criterios para preguntar antes de una cirugía
Si te han propuesto una cirugía de columna, puedes preguntar si en tu caso se utilizará monitorización neurofisiológica y por qué. La respuesta debería ser concreta, no genérica.
Algunas preguntas útiles son: qué estructuras se van a vigilar, qué técnicas se usarán, quién interpretará las señales, cómo se coordina con anestesia, qué hará el equipo si aparece una alerta y si la monitorización cambia algo en el plan quirúrgico.
También es razonable preguntar si tu cirugía tiene riesgo medular o radicular, si hay factores personales que aumentan ese riesgo y qué otras medidas de seguridad se usarán: planificación preoperatoria, imagen intraoperatoria, navegación, control de tensión arterial, prevención de sangrado y revisión neurológica posoperatoria.
Tiempos de recuperación realistas
La monitorización neurofisiológica no acelera por sí sola la recuperación. Su función principal está dentro del quirófano. La recuperación dependerá de la cirugía realizada, del número de niveles tratados, de la edad, del estado físico previo, de si había déficit neurológico antes de operar y de si se trata de una primera cirugía o una revisión.
Tras una cirugía menor, la movilización puede empezar el mismo día o al día siguiente, según indicación médica. En cirugías más complejas, como deformidades o revisiones amplias, la recuperación puede requerir semanas o meses, con fisioterapia y seguimiento estrecho.
Si antes de la cirugía existía pérdida de fuerza, hormigueo o alteración de la marcha, la recuperación neurológica puede ser lenta. A veces mejora rápido; otras veces tarda meses; y en algunos casos no se recupera por completo si el nervio o la médula llevaban mucho tiempo comprimidos.
Cuándo acudir a urgencias tras una cirugía de columna
Después de una cirugía de columna, debes buscar atención urgente si aparece pérdida nueva o progresiva de fuerza, dificultad para caminar que empeora, pérdida de control de orina o heces, anestesia en la zona genital o perineal, fiebre alta con dolor intenso de espalda, dolor que no mejora con la medicación pautada, salida abundante de líquido o pus por la herida, falta de aire o dolor torácico.
Estos síntomas no siempre significan una complicación grave, pero deben valorarse rápido para descartar hematoma, infección, compresión neurológica, trombosis u otros problemas posoperatorios.
Mitos y realidades
Mito: si hay monitorización, no puede haber lesión neurológica
Realidad: la monitorización reduce incertidumbre y puede ayudar a detectar problemas, pero no elimina el riesgo al 100%.
Mito: solo se usa en cirugías peligrosas
Realidad: se usa cuando el balance entre riesgo, complejidad y utilidad lo justifica. No significa que la cirugía vaya a salir mal.
Mito: la máquina decide qué hace el cirujano
Realidad: la monitorización informa. Las decisiones las toma el equipo quirúrgico y anestésico según el contexto completo.
Mito: si una señal cambia, el daño ya está hecho
Realidad: muchas alertas son reversibles si se identifican y corrigen a tiempo.
Mito: todas las cirugías de columna deberían llevar monitorización
Realidad: no siempre aporta valor. En cirugías de bajo riesgo puede no ser necesaria.
Preguntas frecuentes
¿Qué es exactamente la monitorización neurofisiológica intraoperatoria?
Es un conjunto de técnicas que registran señales del sistema nervioso durante una cirugía. En columna, ayuda a vigilar la médula, las raíces nerviosas y algunas vías motoras o sensitivas mientras se opera.
¿Duele la monitorización?
No deberías notar dolor durante la cirugía porque se realiza bajo anestesia. Después pueden quedar pequeñas marcas o molestias leves en zonas donde se colocaron electrodos.
¿Sirve para evitar una parálisis?
Puede ayudar a detectar cambios que podrían preceder a una lesión neurológica y permitir una respuesta rápida. Pero no garantiza que una complicación sea imposible.
¿Se usa en todas las cirugías de columna?
No. Se utiliza sobre todo cuando existe riesgo relevante para médula o nervios, como deformidades, cirugías torácicas, revisiones complejas, tumores, mielopatía o algunos abordajes laterales.
¿Qué pasa si las señales se pierden durante la operación?
El equipo revisa causas técnicas, anestésicas, circulatorias y quirúrgicas. Puede modificar la posición, ajustar la tensión arterial, revisar implantes, pausar una maniobra o cambiar el plan si es necesario.
¿La anestesia afecta a la monitorización?
Sí. Algunos fármacos pueden modificar las señales. Por eso anestesia y neurofisiología deben coordinarse para obtener registros fiables.
¿Quién mira las señales?
Normalmente las registra e interpreta personal especializado en neurofisiología intraoperatoria, en comunicación con el cirujano y el anestesista.
¿La monitorización sustituye a la experiencia del cirujano?
No. Es una herramienta de apoyo. La seguridad depende de la indicación correcta, la planificación, la técnica quirúrgica, la anestesia, la comunicación y el seguimiento posoperatorio.
¿Puede haber falsas alarmas?
Sí. Una señal puede cambiar por anestesia, temperatura, tensión arterial, electrodos o interferencias. Por eso la interpretación debe ser cuidadosa.
¿Qué debo preguntar antes de operarme?
Pregunta si tu cirugía tiene riesgo neurológico, si se usará monitorización, qué vías se vigilarán, quién interpretará las señales y cómo actuará el equipo si aparece una alerta.
Glosario
- Monitorización neurofisiológica intraoperatoria: registro de la función del sistema nervioso durante una cirugía.
- IONM: siglas en inglés de intraoperative neurophysiological monitoring.
- Potenciales evocados motores: técnica que evalúa la vía motora desde el cerebro hasta los músculos.
- Potenciales evocados somatosensoriales: técnica que evalúa vías sensitivas.
- Electromiografía: registro de actividad eléctrica muscular relacionada con nervios o raíces.
- Raíz nerviosa: estructura que sale de la médula o del saco dural hacia brazos, tronco o piernas.
- Médula espinal: vía principal de comunicación entre cerebro y cuerpo.
- Alerta intraoperatoria: cambio relevante en una señal que obliga al equipo a revisar la situación.
- Monitorización multimodal: combinación de varias técnicas neurofisiológicas en una misma cirugía.
Referencias
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- Zanin L, Broglio L, Panciani PP, et al. Intraoperative Neurophysiological Monitoring in Contemporary Spinal Surgery: A Systematic Review of Clinical Outcomes and Cost-Effectiveness. Brain Sciences. 2025. https://www.mdpi.com/2076-3425/15/7/768
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Este contenido es educativo y no sustituye la valoración individual por profesionales sanitarios. Las decisiones sobre cirugía, anestesia y monitorización deben adaptarse a cada paciente, a cada patología y al tipo concreto de intervención.