La mielopatía torácica aparece cuando la médula espinal se comprime en la zona media de la espalda. Puede empezar de forma lenta, con torpeza al caminar, piernas rígidas, hormigueos o sensación de “cinturón” en el tórax. No todo dolor dorsal es grave, pero cuando hay síntomas neurológicos conviene estudiarlo pronto para evitar deterioro.
- La mielopatía torácica no es una contractura: implica sufrimiento de la médula espinal.
- Las señales más útiles son alteración de la marcha, rigidez en piernas, pérdida de equilibrio, hormigueos y cambios de esfínteres.
- La resonancia magnética suele ser la prueba principal; el TAC ayuda si hay hueso, calcificación, fractura o planificación quirúrgica.
- El tratamiento depende de la causa: hernia torácica, estenosis, osificación ligamentaria, deformidad, tumor, infección o fractura.
- La cirugía puede ser necesaria si existe compresión medular progresiva, pero no todos los casos requieren la misma técnica.
Qué es la mielopatía torácica
“Mielopatía” significa alteración de la función de la médula espinal. “Torácica” indica que ocurre en la parte media de la columna, entre el cuello y la zona lumbar. La médula es como el cable principal que comunica el cerebro con brazos, tronco, piernas, vejiga e intestino. Cuando se comprime, los síntomas no siempre aparecen justo donde está la lesión: pueden notarse en las piernas, el equilibrio, la sensibilidad o el control urinario.
La región torácica es menos móvil que el cuello o la zona lumbar porque está unida a las costillas. Por eso, las hernias discales torácicas y las estenosis torácicas son menos frecuentes, pero cuando comprimen la médula pueden ser más delicadas. El canal torácico es estrecho y la médula tiene menos margen para tolerar presión.
Las causas más habituales incluyen hernia discal torácica, artrosis con estrechamiento del canal, osificación del ligamento amarillo, deformidad con cifosis o escoliosis, fracturas, tumores, infecciones y secuelas de cirugías previas. En personas con osteoporosis o antecedentes de cáncer, un dolor dorsal nuevo merece una lectura especialmente prudente.
Síntomas e indicaciones
9 señales que conviene reconocer
La mielopatía torácica puede empezar de manera sutil. Estas señales no confirman el diagnóstico por sí solas, pero sí justifican una valoración médica si aparecen, progresan o se combinan:
- Dificultad para caminar recto o sensación de que las piernas no responden igual.
- Rigidez, espasticidad o piernas “duras”, sobre todo al bajar escaleras.
- Pérdida de equilibrio, tropiezos o necesidad de mirar constantemente al suelo.
- Hormigueos, acorchamiento o sensación de corriente en tronco o piernas.
- Dolor que rodea el tórax o el abdomen como un cinturón.
- Debilidad progresiva en una o ambas piernas.
- Mayor cansancio al caminar, con cambios en la postura o en la zancada.
- Cambios urinarios o intestinales nuevos, como urgencia, retención o escapes.
- Dolor dorsal asociado a fiebre, antecedente de cáncer, traumatismo o pérdida de peso no explicada.
Una diferencia importante: una contractura dorsal suele doler con movimientos, palpación o posturas concretas, pero no suele producir pérdida de fuerza, alteración clara de la marcha ni problemas de esfínteres. Cuando el síntoma principal es neurológico, no conviene explicarlo todo como “tensión muscular”.
Diagnóstico
El diagnóstico empieza con una historia clínica detallada: cuándo empezó el problema, si progresa, qué distancia permite caminar, si hay dolor nocturno, fiebre, traumatismo, cáncer previo o cirugía de columna. Después se realiza una exploración neurológica con fuerza, reflejos, sensibilidad, tono muscular, equilibrio y marcha.
La resonancia magnética es la prueba clave para ver la médula, los discos, el canal y los cambios de señal dentro de la médula. Si se sospecha compresión por hueso, calcificación, fractura o deformidad, el TAC aporta detalle óseo. Las radiografías de columna completa en carga pueden ser útiles cuando hay escoliosis, cifosis o desequilibrio postural. En algunos casos se añaden estudios neurofisiológicos, análisis de sangre o pruebas con contraste si se sospechan infección, inflamación, tumor u otra causa no degenerativa.
Una imagen alterada no basta para decidir tratamiento. Lo importante es que los síntomas, la exploración y la prueba de imagen cuenten la misma historia. También hay que descartar problemas que imitan una mielopatía, como neuropatías periféricas, enfermedades neurológicas, trastornos vasculares, patología de cadera o alteraciones metabólicas.
Tratamientos posibles
Alternativas no quirúrgicas
Si no hay déficit neurológico progresivo ni compresión severa, algunas situaciones permiten manejo conservador vigilado. Puede incluir educación, adaptación de actividad, fisioterapia prudente, analgesia, tratamiento de osteoporosis si existe, control de enfermedades inflamatorias o tratamiento específico si la causa no es mecánica. La rehabilitación debe evitar maniobras agresivas si hay compresión medular conocida.
Las infiltraciones pueden aliviar ciertos dolores asociados, pero no descomprimen la médula. Por eso, si el problema principal es medular, el objetivo no es “tapar” el dolor, sino decidir si la médula está en riesgo.
Opciones quirúrgicas
Cuando existe compresión medular con deterioro neurológico, la cirugía suele buscar descomprimir la médula y, si hace falta, estabilizar la columna. La técnica depende de la causa y de dónde esté la compresión:
- Descompresión posterior, como laminectomía o laminoplastia torácica, en estenosis u osificación posterior.
- Discectomía torácica por abordajes posterolaterales, laterales, toracoscópicos o endoscópicos en hernias seleccionadas.
- Fusión instrumentada si hay inestabilidad, deformidad, fractura, resección amplia de hueso o riesgo de colapso.
- Corrección de deformidad si la cifosis o escoliosis contribuye a compresión, dolor o pérdida funcional.
- Cirugía oncológica o infecciosa cuando hay tumor, absceso o destrucción vertebral.
No existe una técnica universal. En la columna torácica importan mucho la dirección de la compresión, la calcificación de la hernia, la calidad del hueso, la alineación global y el estado neurológico antes de operar.
Beneficios, riesgos y efectos adversos
El beneficio principal de tratar una mielopatía torácica significativa es frenar el deterioro neurológico y, en algunos casos, recuperar parte de la marcha, fuerza o sensibilidad. La recuperación depende de cuánto tiempo lleva comprimida la médula, de la severidad previa, de la edad, de otras enfermedades y de la causa exacta.
Los riesgos incluyen infección, sangrado, hematoma, fuga de líquido cefalorraquídeo, lesión neurológica, empeoramiento transitorio o permanente, dolor persistente, trombosis, complicaciones respiratorias en abordajes torácicos, fallo de implantes, pseudoartrosis y necesidad de reintervención. En cirugías de deformidad o revisión, el riesgo suele ser mayor que en procedimientos simples.
La monitorización neurofisiológica intraoperatoria puede ayudar a vigilar la función de médula y nervios durante la cirugía, pero no convierte el riesgo en cero. Una indicación correcta y una planificación cuidadosa siguen siendo la parte más importante.
Criterios para derivación
Conviene derivar a valoración especializada si hay dolor dorsal persistente con alteración de la marcha, piernas rígidas, debilidad, hormigueos progresivos, signos de médula en la exploración, resonancia con compresión torácica, deformidad progresiva, fractura vertebral, antecedente de cáncer o sospecha de infección.
La derivación debe ser preferente si los síntomas avanzan en semanas o días. La médula tolera peor la compresión prolongada que una raíz nerviosa aislada. Esperar meses ante una marcha que empeora puede reducir las opciones de recuperación.
Recuperación realista
Tras tratamiento conservador, la evolución se mide en semanas y exige vigilancia. Si los síntomas neurológicos progresan, se reevalúa el plan.
Tras cirugía torácica, el ingreso puede variar desde pocos días en procedimientos menos invasivos hasta una estancia más larga en fusiones, deformidades o casos complejos. Caminar suele iniciarse de forma temprana si el estado neurológico lo permite. Las actividades básicas se recuperan progresivamente durante las primeras semanas. La mejora neurológica puede tardar meses, y en algunos casos queda déficit residual.
Para trabajos sedentarios, una vuelta parcial puede plantearse en varias semanas si el dolor está controlado y no hay complicaciones. Los trabajos físicos, cargas, torsiones y actividades de impacto suelen requerir más tiempo, con frecuencia varios meses, sobre todo si ha habido fusión o corrección de deformidad. La rehabilitación debe adaptarse al tipo de cirugía y a la respuesta de la médula.
Cuándo acudir a urgencias
Acude a urgencias si aparece debilidad rápida en una o ambas piernas, imposibilidad nueva para caminar, pérdida de control de orina o heces, retención urinaria, anestesia en zona genital o perineal, fiebre con dolor intenso de espalda, dolor tras traumatismo, dolor dorsal progresivo con antecedente de cáncer o empeoramiento neurológico brusco. En estos escenarios es mejor descartar una urgencia que esperar a que el daño sea mayor.
Mitos y realidades
- Mito: “Si duele en la espalda media, seguro que es muscular”. Realidad: muchas veces lo es, pero la marcha, la fuerza y los esfínteres cambian la prioridad.
- Mito: “La mielopatía siempre duele mucho”. Realidad: puede predominar la torpeza o la rigidez más que el dolor.
- Mito: “Una resonancia con compresión obliga siempre a operar”. Realidad: la decisión depende de síntomas, exploración, severidad y evolución.
- Mito: “La cirugía garantiza recuperar todo”. Realidad: puede frenar deterioro y mejorar función, pero no promete recuperación completa.
- Mito: “La fisioterapia intensa siempre ayuda”. Realidad: con compresión medular, los ejercicios deben ser prudentes y supervisados.
Preguntas frecuentes
¿La mielopatía torácica es lo mismo que una hernia dorsal?
No. Una hernia dorsal puede ser una causa, pero la mielopatía significa que la médula está afectada. Puede deberse también a estenosis, calcificaciones, deformidad, tumor, infección o fractura.
¿Puede dar síntomas en las piernas aunque el problema esté en la espalda media?
Sí. La médula torácica lleva señales hacia las piernas. Por eso puede aparecer rigidez, torpeza, debilidad, hormigueo o alteración de la marcha.
¿Siempre hace falta cirugía?
No siempre. Si no hay deterioro neurológico ni compresión relevante, puede plantearse vigilancia y tratamiento conservador. Si la médula está comprimida y los síntomas progresan, la cirugía suele valorarse con más prioridad.
¿La resonancia es suficiente para decidir?
Es fundamental, pero no es lo único. La decisión debe integrar síntomas, exploración neurológica, evolución, imágenes y riesgos personales.
¿La recuperación de la marcha es inmediata?
No necesariamente. Algunas personas mejoran al liberar la médula, pero la recuperación neurológica puede tardar meses y puede ser parcial si la compresión llevaba mucho tiempo.
¿Qué diferencia hay entre radiculopatía y mielopatía?
La radiculopatía afecta una raíz nerviosa y suele causar dolor irradiado en un territorio concreto. La mielopatía afecta la médula y puede alterar marcha, equilibrio, tono muscular y esfínteres.
¿Puedo hacer ejercicio si sospecho mielopatía?
Actividad suave puede ser razonable si no empeora los síntomas, pero debe evitarse ejercicio intenso, manipulación o impacto hasta confirmar el diagnóstico cuando hay signos neurológicos.
¿Cuándo es una urgencia?
Si hay debilidad rápida, problemas nuevos de orina o heces, imposibilidad para caminar, fiebre, traumatismo o antecedente de cáncer con dolor progresivo, la valoración debe ser urgente.
Glosario
- Mielopatía: alteración de la función de la médula espinal.
- Columna torácica: parte media de la columna, relacionada con las costillas.
- Estenosis: estrechamiento del canal por donde pasan médula o nervios.
- Hernia discal torácica: salida o abombamiento de un disco en la región dorsal.
- Osificación del ligamento amarillo: endurecimiento o calcificación de un ligamento posterior que puede comprimir la médula.
- Descompresión: cirugía destinada a crear espacio alrededor de la médula o los nervios.
- Fusión o artrodesis: unión de dos o más vértebras para estabilizar un segmento.
- Espasticidad: aumento anormal del tono muscular, con rigidez y dificultad de movimiento.
Referencias
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Aviso de educación sanitaria
Este contenido tiene fines educativos y no sustituye una valoración médica individual. Si existen síntomas neurológicos, empeoramiento rápido, fiebre, traumatismo, antecedente de cáncer o problemas de esfínteres, se debe buscar atención médica prioritaria o urgente.