Si te has operado de la columna, es casi seguro que uno de tus mayores miedos sea el dolor después de la intervención. Es lógico: muchas cirugías de espalda se realizan precisamente para aliviar un dolor que llevaba meses o años acompañándote. Entender qué molestias son esperables y cuáles deben hacerte consultar de nuevo puede reducir mucha ansiedad y ayudarte a reaccionar a tiempo si algo no va bien.
En este artículo encontrarás una guía práctica sobre el dolor tras cirugías de columna habituales (endoscópicas, mínimamente invasivas, fusiones, reemplazo de disco, operaciones de la sacroilíaca o de revisión). No sustituye la valoración de tu equipo, pero sí puede darte un marco para interpretar lo que notas en las primeras semanas y meses.
- Tras una cirugía de columna es normal tener dolor en la zona operada y cierto cansancio o rigidez que van mejorando de forma gradual.
- El dolor que empeora día a día, cambia bruscamente de características o se acompaña de fiebre, pérdida de fuerza o problemas para orinar o defecar requiere atención médica urgente.
- El tipo de cirugía, la técnica utilizada, tu estado general y tus expectativas influyen mucho en cómo percibes el dolor.
- Un buen plan de analgesia, la movilización precoz y la rehabilitación adaptada reducen el riesgo de dolor mal controlado y de que se vuelva crónico.
1. Qué tipo de dolor puedes sentir tras una cirugía de columna
No todo el dolor después de una cirugía significa complicación. Para entenderlo mejor, suele diferenciarse en varios tipos:
1.1 Dolor de la herida y de los músculos
Es el dolor más habitual. Aparece en la piel, músculos y ligamentos que han tenido que ser separados o atravesados durante la intervención, incluso en técnicas mínimamente invasivas o endoscópicas. Suele sentirse como una molestia localizada, tirantez o sensación de moratón, que aumenta al moverte o al final del día. Lo esperable es que vaya disminuyendo poco a poco en intensidad a lo largo de las primeras semanas.
1.2 Dolor radicular o dolor en la pierna o el brazo
Si te operaste por una ciática, un dolor que bajaba por la pierna o un dolor que irradiaba al brazo, es posible que sigas notando sensaciones parecidas durante un tiempo. El nervio ha estado comprimido o irritado y puede tardar semanas o meses en “calmarse”. Muchas personas describen pinchazos, corriente eléctrica o quemazón intermitente. Si la tendencia general es a ir mejorando, suele considerarse un curso razonable. Si el dolor radicular aparece de nuevo con la misma intensidad o peor que antes de la cirugía, conviene comentarlo.
1.3 Dolor mecánico de espalda
Tras fusiones, artrodesis o abordajes laterales como XLIF u OLIF es frecuente sentir molestias profundas en la zona lumbar o torácica, sobre todo al estar mucho tiempo de pie o al final del día. Influyen los cambios en la musculatura y la postura. Lo habitual es que, con rehabilitación y adaptación, este dolor se reduzca de forma clara a lo largo de los primeros meses.
1.4 Dolor neuropático o “raro”
A veces el dolor se describe como quemazón, hielo, hormigueos intensos o hipersensibilidad al roce. Puede aparecer por irritación de raíces nerviosas, cambios en la médula o fenómenos de sensibilización del sistema nervioso. Este tipo de dolor suele necesitar un enfoque específico con medicación y fisioterapia adaptadas.
2. Cómo se valora el dolor tras la cirugía: diagnóstico y seguimiento
El dolor es subjetivo, pero hay formas estructuradas de valorarlo para saber si la evolución entra dentro de lo esperable o si hay que investigar más.
2.1 Escalas de intensidad y diario de síntomas
Una herramienta sencilla es la escala de 0 a 10, donde 0 es ausencia de dolor y 10 es el peor dolor que puedas imaginar. Anotar cada día la intensidad máxima, la mínima y qué estabas haciendo (descansar, caminar, subir escaleras) permite ver una tendencia. En general, se espera que el dolor máximo vaya bajando con el paso de las semanas, aunque haya días mejores y peores.
2.2 Exploración neurológica y de la herida
En las revisiones posoperatorias, el especialista valora la fuerza, la sensibilidad, los reflejos y la marcha. También revisa la herida para descartar signos de infección o problemas en la cicatrización. A veces, parte del dolor se debe a la cicatriz cutánea o a puntos que tiran, algo que suele mejorar con el tiempo y con cuidados locales adecuados.
2.3 Cuándo se repiten las pruebas de imagen
No se repite una resonancia o un TAC por cualquier dolor. En la mayoría de los casos basta con la evolución clínica. Sin embargo, si el dolor empeora de forma clara, aparecen nuevos síntomas neurológicos o la recuperación se estanca, tu equipo puede solicitar nuevas imágenes para valorar la situación de los nervios, la correcta posición de los implantes o la consolidación de la fusión.
3. Dolor normal vs dolor preocupante: 12 señales clave
Cada caso es diferente, pero hay algunas señales orientativas que ayudan a distinguir entre un curso razonable y una posible complicación.
3.1 Características que suelen considerarse esperables
- Dolor localizado en la zona operada que disminuye gradualmente en intensidad, aunque haya altibajos.
- Molestias musculares o sensación de agujetas al empezar la fisioterapia o aumentar la actividad.
- Hormigueos leves o intermitentes en la pierna o el brazo que mejoran poco a poco respecto a la situación previa.
- Cansancio y rigidez al final del día, especialmente las primeras semanas.
3.2 Doce señales de alerta
De forma orientativa, conviene consultar de forma preferente, e incluso acudir a urgencias, si aparece alguna de estas situaciones:
- Dolor que aumenta día tras día, sin periodos de mejoría, a pesar de tomar la medicación pautada.
- Dolor de aparición brusca, intenso y diferente al habitual, especialmente si se acompaña de un “chasquido” o de sensación de fallo mecánico.
- Pérdida de fuerza en brazos o piernas que no tenías o que empeora respecto al posoperatorio inmediato.
- Dificultad para controlar la orina o las heces, o pérdida completa de sensibilidad en la zona genital o perineal.
- Fiebre alta (por encima de 38 ºC) asociada a dolor de espalda intenso, escalofríos o malestar general.
- Herida muy roja, caliente, con secreción purulenta u olor desagradable.
- Dolor torácico, dificultad para respirar o sensación de falta de aire repentina.
- Dolor intenso en la pantorrilla, hinchazón o cambio de color en una pierna, sobre todo si se acompaña de dificultad respiratoria.
- Dolor radicular en la pierna o el brazo claramente peor que antes de la cirugía, especialmente si aparece de golpe.
- Dolor de cabeza intenso y diferente al habitual, empeorado al ponerse de pie y aliviado al tumbarse, que podría sugerir fuga de líquido cefalorraquídeo.
- Dolor que impide completamente dormir durante varias noches seguidas pese a la analgesia.
- Empeoramiento marcado del estado general: falta de apetito, adelgazamiento rápido o imposibilidad de realizar las actividades básicas de la vida diaria.
Si dudas, es preferible consultar antes que esperar. La mayoría de estas situaciones no son frecuentes, pero cuando aparecen es importante no restarles importancia.
4. Estrategias para aliviar el dolor sin perder seguridad
El manejo del dolor tras la cirugía de columna suele basarse en tres pilares: medicación, medidas físicas y abordaje de factores psicológicos.
4.1 Medicación analgésica
En los primeros días se utilizan combinaciones de fármacos (analgesia multimodal) para controlar mejor el dolor con menos efectos secundarios. Es habitual combinar antiinflamatorios, paracetamol y, en algunos casos, opioides de corta duración. Algunos pacientes necesitan medicación específica para dolor neuropático. Es fundamental seguir exactamente las pautas indicadas, no modificar dosis por tu cuenta y avisar si la medicación no es suficiente o provoca efectos indeseables importantes (estreñimiento severo, confusión, náuseas intensas).
4.2 Medidas físicas y rehabilitación
Caminar pronto, dentro de lo que te permita la cirugía, suele ser una de las mejores “medicinas” contra el dolor. El movimiento estimula la circulación, reduce la rigidez y disminuye el riesgo de trombosis. La fisioterapia y el ejercicio terapéutico, introducidos de forma progresiva, ayudan a recuperar fuerza, equilibrio y control del tronco, lo que repercute directamente en el nivel de dolor percibido.
Aplicar frío local, utilizar una faja lumbar temporalmente o hacer pequeñas pausas durante el día son estrategias que, bien indicadas, pueden aliviar las molestias. Siempre deben seguirse las recomendaciones de tu equipo, ya que no todas las cirugías se benefician de las mismas medidas.
4.3 Factores psicológicos y de estilo de vida
La ansiedad, el insomnio, la preocupación constante por el dolor o las expectativas poco realistas pueden amplificar la percepción dolorosa. Participar en la educación preoperatoria, entender los plazos normales de recuperación y aprender técnicas sencillas de relajación o respiración puede marcar una diferencia significativa.
En personas con antecedentes de dolor crónico, depresión o trastornos de ansiedad, el riesgo de dolor mal controlado y de cronificación es mayor. En estos casos puede ser útil la colaboración con psicología de la salud, terapia cognitivo-conductual o grupos de educación en dolor.
5. Alternativas y ajustes cuando el dolor no mejora como se esperaba
¿Qué ocurre si, a pesar de todo, el dolor sigue siendo importante semanas o meses después de la cirugía?
5.1 Revisar el plan de analgesia y rehabilitación
A veces el problema no es tanto la cirugía en sí como un plan de medicación o de ejercicio poco ajustado. Puede ser necesario cambiar fármacos, ajustar dosis, añadir tratamiento específico para dolor neuropático o revisar la intensidad y el tipo de ejercicios. No es raro que el programa se modifique varias veces hasta encontrar el equilibrio adecuado.
5.2 Revaluar el diagnóstico
Si el dolor persiste, empeora o cambia de forma llamativa, el especialista puede plantear nuevas pruebas de imagen o estudios complementarios para descartar problemas como pseudoartrosis (fusión que no ha consolidado), desplazamiento de implantes, compresión persistente o nuevas lesiones. También se revisan otros posibles generadores de dolor (articulaciones facetarias, sacroilíacas, musculatura, caderas, etc.).
5.3 Manejo del síndrome de espalda fallida
Cuando el dolor persiste a medio o largo plazo tras una o varias cirugías, a veces se utiliza el término síndrome de espalda fallida. No significa necesariamente que la operación estuviera mal hecha, sino que persisten factores mecánicos o neurológicos, o que el sistema nervioso ha desarrollado un patrón de dolor crónico. En estos casos el manejo suele combinar fisioterapia específica, tratamiento del dolor por unidades especializadas, manejo psicológico y, solo en determinados escenarios, nuevas cirugías o técnicas como la neuromodulación.
6. Cuándo acudir a urgencias tras una cirugía de columna
Además de las señales ya mencionadas, conviene tener claro un listado sencillo de situaciones en las que no es prudente esperar a la próxima revisión:
- Pérdida brusca o progresiva de fuerza en piernas o brazos.
- Imposibilidad para controlar la orina o las heces.
- Fiebre alta asociada a dolor intenso en la espalda o la herida.
- Dolor torácico, dificultad respiratoria o sensación de falta de aire repentina.
- Sangrado importante o secreción abundante por la herida quirúrgica.
- Dolor muy intenso de aparición súbita que no mejora nada con la medicación.
Ante cualquiera de estas situaciones, lo prudente es acudir al servicio de urgencias más cercano o contactar con el número de emergencia de tu sistema sanitario. Es preferible una valoración que luego resulte tranquilizadora que no consultar a tiempo.
7. Mitos y realidades sobre el dolor después de la cirugía de columna
- Mito: “Si la cirugía ha ido bien, no debería doler nada.”
Realidad: Casi todas las cirugías de columna producen dolor posoperatorio. Lo importante es que tienda a mejorar con el tiempo y esté razonablemente controlado. - Mito: “Cuanto más fuerte sea la medicación, mejor será la recuperación.”
Realidad: Usar solo fármacos muy potentes puede aumentar efectos secundarios y no siempre mejora el resultado. Las estrategias multimodales combinan varios fármacos y medidas físicas para equilibrar eficacia y seguridad. - Mito: “Si me duele semanas después de la operación, la cirugía ha fracasado.”
Realidad: Muchas personas notan molestias durante meses mientras el hueso consolida y los músculos se adaptan. El fracaso se valora por el conjunto de síntomas, exploración e imágenes, no solo por la presencia de dolor. - Mito: “Debería aguantar el dolor para no “engancharme” a la medicación.”
Realidad: El dolor mal controlado se asocia a peor recuperación y a mayor riesgo de cronificación. El objetivo es usar la medicación necesaria durante el tiempo adecuado, bajo supervisión médica. - Mito: “Si hago ejercicio, puedo dañar la cirugía.”
Realidad: El ejercicio adaptado y pautado forma parte de la recuperación y, en general, ayuda a consolidar el resultado. Lo que hay que evitar es el ejercicio no supervisado o que no respete los tiempos de tu cirugía concreta.
8. Preguntas frecuentes
¿Cuánto tiempo es normal tener dolor después de una cirugía de columna?
Depende del tipo de cirugía, de tu estado general y del nivel de actividad. Tras procedimientos menos invasivos muchas personas notan una mejoría clara en pocas semanas, mientras que tras grandes fusiones o correcciones de deformidad pueden necesitar varios meses para notar una estabilidad confortable. Lo esperable es que la tendencia general sea a la mejoría progresiva, aunque haya días peores.
¿Es normal que me duela más por la tarde o noche?
Sí, es frecuente que el dolor se intensifique al final del día por la acumulación de actividad, la fatiga muscular y la tensión postural. Distribuir el esfuerzo, hacer pausas y seguir las recomendaciones de analgesia puede ayudar a que estas horas sean más llevaderas.
¿Puedo quedarme “enganchado” a los calmantes tras la operación?
El riesgo de dependencia depende del tipo de medicamentos, de la dosis y del tiempo de uso. Cuando la analgesia se pauta con un plan claro de reducción progresiva y se combina con medidas no farmacológicas, el riesgo suele ser bajo. Es importante seguir exactamente las instrucciones y no aumentar dosis por tu cuenta.
¿El dolor en la pierna después de una fusión o discectomía significa que el nervio sigue atrapado?
No siempre. El nervio puede tardar en recuperarse y seguir enviando señales de dolor durante semanas o meses. Si el dolor es menos intenso que antes, cambia de características y, sobre todo, la fuerza y la sensibilidad mejoran o se mantienen, suele considerarse aceptable. Si el dolor radicular es tan intenso o peor que antes, conviene revalorarlo.
¿Cuándo puedo volver a conducir?
No existe un plazo único. Además de consolidar la cirugía, debes ser capaz de girar el tronco y la cabeza con seguridad, frenar de forma rápida y no estar bajo el efecto de medicación sedante. En muchos casos se habla de varias semanas, pero la decisión final debe individualizarse con tu especialista.
¿El dolor que siento significa que la cirugía no ha funcionado?
No necesariamente. El objetivo de muchas cirugías es reducir el dolor y mejorar la función, pero esto no siempre ocurre de forma inmediata. Se valora el conjunto: nivel de dolor en reposo y con actividad, capacidad para caminar, fuerza y sensibilidad, necesidad de medicación y resultados en las pruebas de imagen.
¿Puedo hacer ejercicio por mi cuenta si me encuentro mejor?
Es positivo que te sientas con energía, pero conviene que el tipo de ejercicio y el momento en que lo introduces estén supervisados por el equipo de rehabilitación o por tu especialista. Avanzar demasiado rápido puede sobrecargar la musculatura o la fusión, mientras que avanzar demasiado lento también puede perjudicar la recuperación.
¿Qué pasa si a los 6 meses sigo con dolor importante?
En ese caso suele recomendarse una reevaluación completa: historia clínica, exploración, pruebas de imagen y revisión de factores psicológicos o sociales que puedan estar influyendo. A partir de ahí se decide si es mejor intensificar la rehabilitación, ajustar el tratamiento del dolor, solicitar una segunda opinión o valorar otras opciones.
9. Glosario de términos
- Analgesia multimodal: combinación de varios tipos de medicamentos y técnicas para controlar el dolor (antiinflamatorios, paracetamol, fármacos para dolor neuropático, técnicas locales, etc.).
- Artrodesis o fusión: cirugía en la que dos o más vértebras se fijan entre sí para dar estabilidad, a menudo utilizando tornillos, barras y material intersomático.
- Dolor neuropático: dolor causado por daño o disfunción del sistema nervioso, que se percibe como quemazón, corriente o hipersensibilidad.
- Dolor radicular: dolor que se irradia por el trayecto de un nervio, por ejemplo desde la espalda hacia la pierna o desde el cuello al brazo.
- ERAS (Enhanced Recovery After Surgery): programas estructurados que agrupan medidas antes, durante y después de la cirugía para reducir el impacto del procedimiento y acelerar la recuperación.
- Pseudoartrosis: falta de consolidación adecuada de la fusión ósea tras una cirugía de artrodesis.
- Síndrome de espalda fallida: término que describe la persistencia de dolor lumbar o radicular después de una o varias cirugías de columna.
10. Referencias
Las siguientes fuentes científicas y guías clínicas han servido de base para los conceptos explicados en este artículo:
- Guía PROSPECT para manejo del dolor tras cirugías complejas de columna. ESRA Europe. 2020.
- Yu C et al. Postoperative Pain Management Following Spine Surgery: Narrative Review. 2025.
- Podder D et al. Comprehensive Approaches to Pain Management in Spinal Surgery. Journal of Personalized Medicine. 2025.
- Debono B et al. Consensus statement for perioperative care in lumbar spinal fusion. The Spine Journal. 2021.
- NASS. Clinical Guidelines for Diagnosis and Treatment of Low Back Pain. North American Spine Society. Actualización 2019-2020.
- NICE Guideline NG59. Low back pain and sciatica in over 16s: assessment and management. Actualización 2020.
Aviso importante: Este texto tiene fines educativos y no sustituye en ningún caso una valoración médica individual ni las recomendaciones personalizadas de un profesional sanitario. Ante cualquier duda sobre tu recuperación o sobre el dolor después de una cirugía de columna, consulta siempre con tu equipo médico o con los servicios de urgencias.