Espondilolistesis lumbar: 10 claves que cambian si te basta con fisioterapia o necesitas cirugía (con tiempos reales)

La espondilolistesis lumbar es el “deslizamiento” de una vértebra sobre otra. A veces es un hallazgo sin importancia y otras veces se asocia a ciática, estenosis y limitación al caminar. La decisión rara vez es “operar o no operar” de entrada: suele ser un proceso por fases, con señales claras de cuándo escalar el tratamiento.

  • Muchas espondilolistesis leves mejoran con un plan conservador bien hecho durante semanas.
  • La cirugía se valora sobre todo si hay dolor de pierna por compresión, limitación persistente o déficit neurológico progresivo.
  • En algunos casos basta con descomprimir el nervio; en otros conviene estabilizar (fusión) si hay inestabilidad o dolor mecánico dominante.
  • Los tiempos de recuperación dependen más del tipo de cirugía (y de tu punto de partida) que del “nombre” del diagnóstico.

 

Qué es la espondilolistesis (y por qué no siempre es “grave”)

La espondilolistesis ocurre cuando una vértebra se desplaza hacia delante respecto a la de abajo. En la zona lumbar, lo más habitual es que afecte a L4-L5 o L5-S1. Ese deslizamiento puede ser pequeño y estable (y dar pocos síntomas) o asociarse a compresión de nervios, dolor mecánico e inestabilidad.

Tipos más frecuentes

  • Degenerativa: suele aparecer con la edad por desgaste de disco y articulaciones (facetas). A menudo se acompaña de estenosis (estrechamiento) del canal o del foramen por donde sale el nervio.
  • Ístmica (por defecto de pars o espondilólisis): más típica en gente activa o con antecedentes desde juventud. El “pars” es una zona del arco vertebral que puede fisurarse por estrés repetido.
  • Otras menos comunes: displásica (congénita), traumática, patológica (tumor/infección) o iatrogénica (tras cirugía).

Cómo se “mide” el deslizamiento

Se suele clasificar por grados según el porcentaje de deslizamiento. En grados bajos (I–II) muchas personas llevan una vida normal. En grados altos la estrategia y los riesgos cambian, y conviene valoración especializada.

 

Síntomas e indicaciones: cuándo preocupa y qué patrón importa

El diagnóstico por sí solo no decide el tratamiento. Lo que manda es la combinación de síntomas, exploración y pruebas.

Síntomas frecuentes

  • Dolor lumbar mecánico: empeora al estar de pie, con extensión (echar el tronco hacia atrás) o al cargar peso; mejora al sentarse o tumbarse.
  • Ciática o radiculopatía: dolor que baja por glúteo y pierna, con hormigueo, calambres o pérdida de fuerza, según la raíz afectada.
  • Claudicación neurógena: piernas “pesadas” o dolor al caminar que mejora al sentarse o inclinarse hacia delante. Suele sugerir estenosis asociada.

Indicaciones de prioridad (no para “esperar a ver”)

  • Debilidad nueva o progresiva en una o ambas piernas (por ejemplo, pie que “se cae”).
  • Alteración de esfínteres (retención urinaria, incontinencia) o anestesia en “silla de montar” (zona genital/perineal).
  • Dolor con fiebre, escalofríos o mal estado general (posible infección).
  • Antecedente oncológico y dolor nocturno persistente o pérdida de peso no explicada.

 

Diagnóstico: qué pruebas suelen ser útiles (y qué pregunta responde cada una)

El objetivo del estudio es responder cuatro preguntas: (1) de dónde viene el dolor (nervio, disco, facetas, sacroilíaca), (2) si hay compresión neurológica, (3) si existe inestabilidad, y (4) si hay factores que cambien la estrategia (hueso frágil, deformidad, cirugía previa).

Exploración clínica

  • Fuerza, reflejos y sensibilidad en piernas.
  • Pruebas de tensión neural (por ejemplo, elevación de pierna recta).
  • Evaluación de cadera y sacroilíaca para no confundir fuentes de dolor.

Pruebas de imagen más habituales

  • Radiografías de pie: permiten ver el deslizamiento en carga y valorar alineación.
  • Radiografías dinámicas (flexión-extensión): ayudan a detectar inestabilidad en algunos casos (no en todos).
  • Resonancia magnética (RM): valora nervios, estenosis, discos y tejidos blandos.
  • TAC: útil si se sospecha defecto de pars, para ver hueso, o si hay cirugía previa y hace falta detalle óseo.

Cuándo se suele pedir algo “extra”

  • Densitometría y analítica ósea si hay sospecha de osteopenia/osteoporosis y se plantea cirugía.
  • Bloqueos diagnósticos (en casos seleccionados) cuando no está claro si el dolor es facetario, sacroilíaco o de otra fuente.

 

Tratamiento conservador paso a paso (lo que más ayuda cuando se hace bien)

En espondilolistesis leve o moderada sin déficit progresivo, lo habitual es empezar por medidas conservadoras durante varias semanas. “Conservador” no significa resignarse: significa un plan activo, medible y revisable.

1) Educación y manejo de cargas

  • Aprender qué movimientos disparan síntomas (a menudo extensión sostenida y cargas) y cómo dosificarlos sin dejar de moverse.
  • Evitar reposo prolongado: suele empeorar rigidez y tolerancia al esfuerzo.

2) Ejercicio terapéutico y fisioterapia

  • Control lumbopélvico y core: mejorar la estabilidad funcional.
  • Glúteo y cadena posterior: fuerza y resistencia para caminar y estar de pie.
  • Movilidad de cadera: a veces reduce sobrecarga lumbar.
  • Entrenamiento de marcha si hay claudicación neurógena (con progresión gradual).

3) Analgesia prudente y estrategias complementarias

La medicación, si se usa, debería ser revisada por un profesional (especialmente si hay comorbilidades). En algunos perfiles se consideran infiltraciones para aliviar dolor radicular o para afinar el diagnóstico. La clave es que estas medidas acompañen al plan activo, no lo sustituyan.

Cuándo considerar que el conservador “no está funcionando”

  • Dolor de pierna o limitación al caminar que sigue siendo alta pese a adherencia a un plan activo.
  • Empeoramiento neurológico.
  • Impacto funcional relevante (trabajo, sueño, autocuidado) que no mejora.

 

Opciones quirúrgicas: descompresión y fusión (y por qué a veces no hace falta “fijar”)

La cirugía no es un castigo ni un fracaso: es una herramienta que se valora cuando el balance beneficio-riesgo es favorable. En espondilolistesis, las dos grandes familias de cirugía son:

Opción A: Descompresión (liberar el nervio)

Si el problema principal es la compresión nerviosa (ciática, claudicación neurógena) por estenosis asociada, una descompresión busca crear espacio para la raíz o el canal. Puede hacerse con técnicas más o menos invasivas según el caso. El objetivo es mejorar el dolor de pierna y la capacidad de caminar.

Opción B: Fusión (estabilizar)

La fusión (artrodesis) une dos vértebras para eliminar movimiento doloroso o inestable. Suele plantearse cuando hay signos de inestabilidad relevante, deformidad, dolor mecánico axial dominante que correlaciona con el nivel, o cuando una descompresión amplia podría dejar el segmento demasiado “suelto”.

La gran duda: ¿descompresión sola o descompresión más fusión?

En espondilolistesis degenerativa de bajo grado, ensayos y revisiones recientes han mostrado que, en pacientes seleccionados, la descompresión sola puede ofrecer resultados comparables en función y dolor a añadir una fusión, con menos agresión quirúrgica. Esto no significa que la fusión “ya no se use”: significa que no debería ser automática. La decisión depende de estabilidad, patrón de dolor, anatomía, y objetivos funcionales.

Qué factores inclinan la balanza hacia una u otra

  • Más a favor de descompresión sola: síntomas dominados por dolor de pierna/claudicación, listesis baja y estable, poco dolor mecánico axial, y ausencia de deformidad significativa.
  • Más a favor de añadir estabilización: inestabilidad clara en dinámicas, dolor lumbar mecánico predominante y concordante, progresión documentada, deformidad, o necesidad de una descompresión que comprometa estabilidad.

 

Beneficios y riesgos reales (sin promesas)

Beneficios esperables

  • Si predomina dolor de pierna: la mejoría suele enfocarse en la ciática y la marcha.
  • Si predomina dolor mecánico con inestabilidad: una estabilización bien indicada puede mejorar dolor y tolerancia a estar de pie.

Riesgos y efectos adversos a entender

  • Infección, sangrado, trombosis, complicaciones anestésicas.
  • Lesión o irritación nerviosa (transitoria o, raramente, persistente).
  • Fuga de líquido cefalorraquídeo por desgarro dural (más probable en revisiones o estenosis complejas).
  • Si hay fusión: pseudoartrosis (no consolidación), fallo de implantes, y posibilidad de problemas en niveles adyacentes a largo plazo.
  • Posibilidad de reintervención: depende del caso, técnica, biología ósea y evolución.

 

Cuándo pedir derivación y segunda opinión (criterios prácticos)

  • Dolor de pierna persistente con signos neurológicos (hormigueo fuerte, pérdida de fuerza, reflejos alterados).
  • Claudicación neurógena que limita caminar pese a plan conservador estructurado.
  • Dudas sobre si hay inestabilidad o sobre la necesidad de fusión.
  • Antecedentes de cirugía previa, osteoporosis, deformidad, o múltiples niveles afectados.
  • Necesidad de entender opciones con expectativas realistas (beneficio probable, riesgos, tiempos, limitaciones).

 

Recuperación: tiempos realistas (lo típico, y por qué varía tanto)

Los tiempos cambian según el punto de partida (dolor, fuerza, forma física), el tipo de cirugía y el trabajo que realizas. Aun así, estos rangos suelen servir para orientarse:

Si hay descompresión sin fusión

  • Deambulación: precoz (a menudo el mismo día o al día siguiente).
  • Actividades ligeras en casa: primeros días.
  • Trabajo sedentario: con frecuencia entre 2 y 6 semanas, si el dolor está controlado y puedes hacer pausas.
  • Esfuerzos y cargas: progresión a lo largo de 6 a 12 semanas, según evolución.

Si hay fusión (estabilización)

  • La recuperación funcional suele medirse en meses.
  • Trabajo sedentario: a menudo entre 6 y 12 semanas (muy variable).
  • Trabajo físico: con frecuencia 3 a 6 meses o más, según el tipo de fusión y tu evolución.
  • Consolidación ósea: puede tardar varios meses; hábitos (tabaco), nutrición y salud ósea importan.

Idea clave: la meta no es “estar perfecto” en una fecha fija, sino recuperar función de forma progresiva y segura, evitando picos de carga que provoquen recaídas.

 

Cuándo acudir a urgencias

  • Retención urinaria, incontinencia o anestesia en zona genital/perineal.
  • Debilidad rápida o progresiva en una o ambas piernas.
  • Fiebre alta con dolor lumbar intenso o empeoramiento brusco del dolor con mal estado general.
  • Tras cirugía: herida con supuración, enrojecimiento importante, dolor descontrolado, falta de aire o dolor torácico.

 

Mitos y realidades

Mito: “Si tengo espondilolistesis, acabaré operándome”

Realidad: muchas listesis de bajo grado se manejan sin cirugía, sobre todo si no hay déficit progresivo y el plan conservador está bien planteado.

Mito: “La resonancia decide el tratamiento”

Realidad: la imagen ayuda, pero la decisión depende de síntomas, exploración, función y evolución. Hay resonancias “muy llamativas” con pocos síntomas y al revés.

Mito: “La fusión siempre es mejor”

Realidad: en algunos perfiles añadir fusión aporta estabilidad y mejora resultados; en otros puede no añadir beneficio claro y sí más carga quirúrgica. La selección es la clave.

 

FAQs

¿La espondilolistesis siempre duele?

No. Puede ser un hallazgo en una radiografía hecha por otro motivo. Cuando da síntomas, suelen relacionarse con dolor mecánico lumbar, compresión nerviosa (ciática) o estenosis con limitación al caminar.

¿Se puede “corregir” con ejercicios?

Los ejercicios no suelen “hacer volver” la vértebra a su sitio, pero pueden reducir dolor y mejorar función al aumentar la estabilidad funcional, fuerza y tolerancia a la carga. En muchos casos eso es suficiente para vivir bien.

¿Qué significa que sea degenerativa?

Que está asociada al desgaste progresivo de discos y articulaciones con la edad. Suele coexistir con estenosis y síntomas al caminar, más que con un dolor agudo tras un esfuerzo único.

¿Qué diferencia hay entre espondilólisis y espondilolistesis?

La espondilólisis es un defecto o fisura por estrés en una zona del arco vertebral (pars). Puede existir sin deslizamiento. La espondilolistesis es el deslizamiento; a veces ocurre sobre una espondilólisis previa (tipo ístmico).

¿Cuándo se plantea operar?

Sobre todo si hay dolor de pierna por compresión nerviosa o claudicación neurógena que no mejora con un plan conservador bien hecho, o si aparece debilidad progresiva. El objetivo quirúrgico suele ser liberar el nervio y, si hace falta, estabilizar.

¿Siempre hay que poner tornillos (fusión)?

No siempre. En espondilolistesis degenerativa de bajo grado, algunas personas pueden mejorar con descompresión sin fusión. En otras, por inestabilidad o dolor mecánico dominante, la estabilización puede ser más razonable. Se decide caso a caso.

¿Cuánto tarda la recuperación?

Depende del tipo de cirugía y del trabajo. Tras descompresión sin fusión, muchas personas retoman tareas sedentarias en pocas semanas. Tras fusión, la recuperación suele ser más larga y se mide en meses.

¿Qué hago si tengo hormigueo o pérdida de fuerza?

Si es nuevo, intenso o progresa, conviene valoración médica prioritaria. Si se acompaña de problemas de orina o anestesia perineal, es una urgencia.

 

Glosario

Espondilolistesis
Deslizamiento de una vértebra sobre otra.
Espondilólisis (defecto de pars)
Fisura o defecto por estrés en una parte del arco vertebral (pars interarticularis).
Radiculopatía
Síntomas por irritación o compresión de una raíz nerviosa (dolor irradiado, hormigueo, debilidad).
Estenosis
Estrechamiento del canal o del foramen que reduce espacio para nervios.
Descompresión
Cirugía para liberar nervios comprimidos (por ejemplo, retirando tejido que estrecha el canal).
Fusión (artrodesis)
Cirugía que une vértebras para estabilizar y eliminar movimiento doloroso o inestable.
Pseudoartrosis
No consolidación ósea tras una fusión, con posible dolor o fallo mecánico.
Claudicación neurógena
Dolor o pesadez en piernas al caminar por compresión nerviosa, que mejora al sentarse.

Disclaimer de educación sanitaria: este contenido es informativo y no sustituye una valoración médica individual. Si tienes síntomas neurológicos, empeoramiento progresivo o señales de alarma, consulta con profesionales sanitarios o acude a urgencias. 

 

Referencias y guías clínicas

  • North American Spine Society (NASS).
    Diagnosis and Treatment of Degenerative Lumbar Spondylolisthesis. Guía clínica en PDF.
    Año: 2014. Enlace al documento
  • North American Spine Society (NASS).
    Degenerative Lumbar Spondylolisthesis Appropriate Use Criteria. PDF.
    Año: 2021.Enlace al documento
  • Austevoll IM, et al.
    Decompression with or without Fusion in Degenerative Lumbar Spondylolisthesis.
    New England Journal of Medicine.
    Año: 2021.Enlace al artículo
  • Gadjradj PS, et al.
    Systematic review on routine fusion in degenerative spondylolisthesis.
    EClinicalMedicine.
    Año: 2022. Enlace al artículo