Deformidad toracolumbar en adultos: 12 claves para saber si necesitas cirugía de corrección

La deformidad toracolumbar en adultos no es solo una “espalda torcida”. Puede traducirse en dolor crónico, pérdida de equilibrio, dificultad para caminar y una gran limitación para la vida diaria. Sin embargo, no todas las personas con una curva en la columna necesitan operarse. Este artículo pretende ayudarte a entender cuándo la cirugía de corrección puede tener sentido, qué alternativas existen y qué resultados son realistas.

La cirugía de deformidad toracolumbar puede mejorar el dolor y la función en pacientes bien seleccionados, pero implica una intervención mayor, con riesgos relevantes y una recuperación prolongada. Las decisiones se basan en la combinación de síntomas, hallazgos en las imágenes y estado general de salud, nunca solo en la radiografía.

 

Resumen

  • No todas las deformidades toracolumbares requieren cirugía; muchas se pueden manejar con tratamientos conservadores.
  • Los motivos más frecuentes para plantear una operación son el dolor incapacitante, la pérdida de equilibrio y la afectación neurológica.
  • Las cirugías de deformidad adulta son complejas y conllevan una tasa de complicaciones relevante, que puede superar el 30 por ciento en algunas series.
  • Los programas de recuperación intensificada (ERAS) y una buena preparación médica reducen riesgos y aceleran la vuelta a la vida diaria.
  • Este texto es informativo y no sustituye una valoración personalizada por parte de especialistas en columna.

 

Qué es la deformidad toracolumbar en adultos

La columna toracolumbar es la zona de transición entre la región torácica (donde se insertan las costillas) y la lumbar. Una deformidad en esta zona puede adoptar distintas formas:

  • Escoliosis degenerativa del adulto: curva lateral que aparece o progresa con la edad por desgaste de discos y articulaciones.
  • Cifosis toracolumbar: aumento de la curva hacia delante, a veces por fracturas osteoporóticas o cirugía previa.
  • Desalineación sagital: el tronco se adelanta o se inclina, obligando al paciente a flexionar rodillas o caderas para mantenerse de pie.

La causa principal suele ser el desgaste progresivo de discos y articulaciones, aunque también influyen factores como la osteoporosis, la enfermedad del tejido conectivo, deformidades no tratadas en la infancia o cirugías previas con pérdida de equilibrio de la columna.

Las guías y revisiones sobre deformidad espinal del adulto coinciden en que no se trata solo de una cuestión estética: el desajuste de la columna se asocia a dolor, limitación funcional y peor calidad de vida si no se aborda de forma adecuada.

 

Síntomas y señales de alarma: cuándo sospechar que la deformidad toracolumbar es relevante

Muchas personas conviven con pequeñas curvas sin síntomas importantes. Los signos que sugieren una deformidad clínicamente relevante son:

  • Dolor lumbar o dorsolumbar crónico, que empeora al estar de pie o caminar y mejora al sentarse o tumbarse.
  • Sensación de “no poder ponerse recto”: el tronco se inclina hacia delante o hacia un lado de forma visible.
  • Disminución progresiva de la altura y aparición de “joroba” o cambios en la silueta de la espalda.
  • Claudicación al caminar: necesidad de parar cada pocos minutos por dolor o debilidad en las piernas.
  • Hormigueos, pérdida de fuerza o torpeza en las piernas, que pueden indicar compresión de la médula o de las raíces nerviosas.
  • Caídas frecuentes o dificultad para mantener el equilibrio.

Si aparecen síntomas neurológicos (pérdida de fuerza, problemas de esfínteres, pérdida brusca de sensibilidad), es importante consultar de forma urgente para descartar una compresión significativa de la médula espinal o de las raíces.

 

Cómo se diagnostica la deformidad toracolumbar

La evaluación de una deformidad toracolumbar va más allá de una radiografía simple. Suele incluir:

  • Historia clínica detallada: duración del dolor, limitaciones en la vida diaria, antecedentes de fracturas, cirugías previas y comorbilidades (diabetes, cardiopatía, osteoporosis, etc.).
  • Exploración física: postura, desequilibrio al caminar, fuerza muscular, reflejos y sensibilidad.
  • Radiografías de columna en bipedestación de toda la columna (espinografía), de frente y de perfil, para medir el equilibrio sagital y coronal.
  • Resonancia magnética para valorar el estado de discos, médula y raíces nerviosas.
  • TAC cuando se necesita conocer mejor la anatomía ósea, planificar osteotomías o valorar fusiones previas.
  • Medición de parámetros espinopélvicos (por ejemplo, ángulo pelviano T1, alineación sagital global) que ayudan a decidir el tipo de corrección necesaria.

En los últimos años, los estudios han destacado la importancia de analizar la deformidad en conjunto (columna y pelvis) y no solo la curva local, ya que el desajuste global se correlaciona bien con el grado de discapacidad y dolor reportados por los pacientes.

 

Tratamientos no quirúrgicos: cuándo todavía es pronto para hablar de cirugía

Antes de plantear una cirugía de deformidad toracolumbar, se intenta optimizar el manejo conservador siempre que sea razonable. Algunas medidas son:

  • Fisioterapia y ejercicio terapéutico: programas específicos de fortalecimiento del tronco, estiramientos, trabajo de equilibrio y reeducación postural.
  • Manejo del dolor: analgésicos, antiinflamatorios, fármacos neuromoduladores y, en casos seleccionados, infiltraciones guiadas.
  • Control de la osteoporosis: suplementos de vitamina D y calcio, fármacos antirresortivos o anabólicos, y abordaje de factores de riesgo como el tabaquismo.
  • Pérdida de peso y control de comorbilidades (diabetes, hipertensión, enfermedad cardiaca) para reducir el impacto del dolor y mejorar la capacidad funcional.
  • Ortesis (corsés) en situaciones muy seleccionadas, generalmente como apoyo temporal y nunca como solución única.

En escoliosis o cifosis leves, o cuando el dolor se puede controlar y la calidad de vida es aceptable, las guías recomiendan priorizar estas estrategias y reservar la cirugía para casos en los que el beneficio esperado supere claramente los riesgos.

 

Cuándo se plantea una cirugía de corrección de deformidad toracolumbar

De forma general, la cirugía se considera cuando se combinan varios factores:

  • Dolor intenso o incapacitante que persiste pese a un tratamiento conservador bien realizado durante meses.
  • Desalineación significativa (por ejemplo, tronco muy adelantado o curva lateral importante) que dificulta tareas básicas como caminar o mantenerse de pie.
  • Compresión neurológica demostrada en las imágenes, con síntomas como debilidad, pérdida de sensibilidad o alteraciones de la marcha.
  • Progresión de la deformidad documentada en radiografías seriadas.
  • Estado general razonable para asumir una cirugía mayor: se valoran edad biológica, función cardiopulmonar, densidad ósea, estado nutricional y salud mental.

Las publicaciones recientes insisten en que la selección de pacientes es clave. Un mismo grado de deformidad no justifica la misma cirugía en todas las personas: el objetivo es equilibrar la columna de manera que la mejoría en calidad de vida compense los riesgos perioperatorios y a largo plazo.

 

Qué tipos de cirugías se utilizan para corregir la deformidad toracolumbar

Las técnicas concretas se individualizan, pero a grandes rasgos se combinan tres elementos:

  • Descompresión: liberar la médula y las raíces nerviosas (laminectomías, foraminotomías) cuando hay compresión significativa.
  • Fusión e instrumentación: colocar tornillos, barras y otros implantes para estabilizar la columna en la nueva posición corregida.
  • Osteotomías: cortes controlados del hueso para recuperar la alineación cuando la deformidad es rígida.

En muchos casos, la cirugía se realiza en varios niveles y puede abarcar desde la región torácica alta hasta el sacro o la pelvis. Las decisiones sobre hasta dónde fusionar, qué magnitud de corrección buscar o si hacerlo en uno o varios tiempos quirúrgicos dependen de la deformidad concreta, de la calidad ósea y del estado general del paciente.

Las técnicas mínimamente invasivas y los abordajes laterales (como XLIF u OLIF) se emplean en algunos casos seleccionados, sobre todo en curvas menos rígidas o cuando se quiere reducir el sangrado y el daño muscular, pero no son una solución universal.

 

Beneficios esperables frente a riesgos y efectos adversos

Los beneficios potenciales de una cirugía bien indicada de deformidad toracolumbar incluyen:

  • Reducción del dolor mecánico asociado a la deformidad y a la sobrecarga de segmentos compensatorios.
  • Mejora del equilibrio y de la capacidad para estar de pie y caminar, lo que se traduce en mayor autonomía en la vida diaria.
  • Prevención de la progresión de la deformidad en muchos casos, estabilizando la columna en una posición más funcional.
  • Mejora de la calidad de vida percibida, medida con cuestionarios específicos para deformidad del adulto.

Sin embargo, la literatura sobre cirugía de deformidad adulta muestra tasas de complicaciones globales que pueden situarse entre el 30 y el 50 por ciento, incluyendo complicaciones médicas y quirúrgicas. Las más habituales son:

  • Complicaciones de la herida: infecciones superficiales o profundas, problemas de cicatrización.
  • Complicaciones neurológicas: déficit motor o sensitivo nuevo, habitualmente minoritario pero potencialmente grave.
  • Problemas mecánicos: pseudoartrosis (no consolidación de la fusión), rotura de tornillos o barras, cifosis o lordosis excesivas en segmentos adyacentes.
  • Complicaciones médicas: eventos cardiopulmonares, trombosis venosa, descompensaciones de enfermedades previas.

Los estudios recientes subrayan la importancia de identificar factores de riesgo (edad avanzada, obesidad, osteoporosis, comorbilidades cardiacas o pulmonares, mala condición general, salud mental frágil) y de trabajar estos aspectos antes de la cirugía para reducir complicaciones y reintervenciones.

 

Programas ERAS y preparación preoperatoria: cómo reducir los riesgos

Los protocolos de recuperación intensificada (ERAS) adaptados a la cirugía de deformidad de adultos combinan múltiples medidas antes, durante y después de la intervención. Su objetivo es disminuir el estrés quirúrgico, acortar la estancia hospitalaria y reducir complicaciones sin aumentar el riesgo. Entre las estrategias más frecuentes se incluyen:

  • Prehabilitación: ejercicios suaves, entrenamiento respiratorio y trabajo de fuerza adaptado antes de la cirugía.
  • Optimización nutricional y corrección de anemia u otras carencias.
  • Abandono del tabaco y mejor control de enfermedades crónicas.
  • Protocolos analgésicos multimodales, con menor dependencia de opioides.
  • Movilización precoz en las primeras 24–48 horas tras la operación, siempre que sea seguro.

Ensayos recientes y revisiones sistemáticas sugieren que, en cirugía de deformidad del adulto, la implementación de programas ERAS se asocia a menor tasa de complicaciones, menos días de ingreso y una recuperación funcional más rápida, aunque no eliminan completamente el riesgo.

 

Tiempos de recuperación realistas

Los tiempos de recuperación varían según la extensión de la cirugía, la edad, la calidad ósea y la presencia de otras enfermedades. De forma orientativa:

  • Primeros días: ingreso en unidad de hospitalización o cuidados intermedios, control del dolor, inicio de sedestación y bipedestación con ayuda.
  • Primeras 2–4 semanas: deambulación con apoyo, aumento progresivo de la autonomía en el domicilio, fatiga importante pero con tendencia a mejorar.
  • 4–8 semanas: muchas personas comienzan a reasumir tareas ligeras y trabajos de oficina, con periodos de descanso frecuentes.
  • 3–6 meses: consolidación progresiva de la fusión, ampliación del programa de fisioterapia y retorno a actividades más exigentes según evolución.
  • 12 meses o más: la adaptación completa a la “nueva” columna y a la alineación lograda puede tardar un año o más.

Los estudios de seguimiento a medio y largo plazo muestran que los resultados funcionales suelen seguir mejorando más allá del primer año en muchos pacientes, pero también que pueden aparecer complicaciones tardías (pseudoartrosis, problemas en niveles vecinos) que requieran controles regulares.

 

Cuándo acudir a urgencias tras una cirugía de deformidad toracolumbar

Tras la operación, es fundamental reconocer las señales que obligan a acudir a urgencias o contactar rápidamente con el equipo médico:

  • Pérdida brusca de fuerza o sensibilidad en las piernas o dificultad para moverlas.
  • Alteraciones repentinas del control de esfínteres (incontinencia o retención de orina o heces).
  • Dolor intenso de nueva aparición, especialmente si se acompaña de fiebre o malestar general.
  • Enrojecimiento, calor o salida de líquido por la herida quirúrgica.
  • Disnea, dolor torácico o hinchazón dolorosa en una pierna, que podrían indicar un problema cardiopulmonar o trombótico.

Ante cualquiera de estos síntomas, no conviene esperar a la siguiente revisión programada: es preferible una valoración urgente, incluso si luego se confirma que se trata de un problema menor.

 

Mitos y realidades sobre la cirugía de deformidad toracolumbar

Mito 1: “Si me operan, tendré la columna como nueva”.
Realidad: el objetivo principal es mejorar la alineación, reducir el dolor y recuperar función, pero es poco realista esperar una desaparición total de cualquier molestia, sobre todo en personas con varios niveles afectos o comorbilidades.

Mito 2: “Si la radiografía sale muy mal, me tengo que operar sí o sí”.
Realidad: las decisiones no se toman solo por la imagen. Hay personas con deformidades llamativas y síntomas llevaderos que se manejan de forma conservadora, y otras con curvas moderadas pero gran discapacidad donde la cirugía sí aporta un beneficio claro.

Mito 3: “La cirugía siempre empeora a los mayores de 70 años”.
Realidad: la edad cronológica es solo uno de los factores. Lo importante es la reserva funcional global. En pacientes mayores seleccionados, la cirugía puede mejorar autonomía y calidad de vida, aunque los riesgos son más altos y deben explicarse con detalle.

Mito 4: “Una vez operado, la deformidad no puede volver”.
Realidad: existe riesgo de fallo de implantes, pseudoartrosis o descompensación de segmentos vecinos. Por eso son tan importantes el seguimiento, la protección ósea y la rehabilitación adecuada.

Mito 5: “Si tengo dolor, la única opción es una fusión larga”.
Realidad: en muchos casos hay alternativas menos agresivas (tratamiento conservador optimizado, descompresión limitada, cirugías segmentarias) que se valoran antes de indicar grandes fusiones.

 

Preguntas frecuentes

¿Siempre que tengo escoliosis o cifosis necesito cirugía de deformidad?

No. Muchas deformidades leves o moderadas pueden manejarse con ejercicio, fisioterapia, control del dolor y vigilancia periódica. La cirugía se plantea cuando el dolor o la desalineación comprometen la calidad de vida y el tratamiento conservador ya no es suficiente.

¿Qué estudios de imagen son imprescindibles antes de decidir una cirugía?

Como mínimo, radiografías de toda la columna en bipedestación (de frente y perfil) y una resonancia magnética para valorar la médula y las raíces. En muchos casos se añade un TAC para planificar la instrumentación y, si hay osteoporosis o cirugías previas, el estudio se completa con pruebas óseas y analíticas específicas.

¿Cuál es el riesgo real de complicaciones en este tipo de cirugías?

Depende de la complejidad de la deformidad y del estado general del paciente, pero los estudios de grandes series de deformidad adulta describen tasas globales de complicaciones que pueden superar el 30 por ciento, incluyendo complicaciones médicas, infecciosas y mecánicas. Por eso es tan importante personalizar la indicación y preparar bien la operación.

¿Podré volver a trabajar después de una cirugía de corrección toracolumbar?

En trabajos de oficina, muchas personas retoman la actividad entre las 8 y las 12 semanas, con adaptaciones y pausas frecuentes. Los trabajos físicos, que implican carga y movimientos repetitivos, suelen requerir más tiempo y, en ocasiones, una reorientación laboral. La decisión final se toma siempre con el equipo médico y de rehabilitación.

¿La cirugía de deformidad corrige también la osteoporosis?

No. La cirugía puede estabilizar y realinear la columna, pero no trata la causa de la fragilidad ósea. Es fundamental mantener un tratamiento específico para la osteoporosis antes y después de la intervención, ya que la calidad del hueso influye en la estabilidad de los implantes y en el riesgo de nuevas fracturas.

¿Qué papel tiene la salud mental en los resultados de la cirugía?

La salud mental influye mucho en la percepción del dolor, en la adherencia a la rehabilitación y en la satisfacción con el resultado. Estudios recientes muestran que la depresión y la ansiedad no tratadas se asocian a peores resultados percibidos. Por ello, es recomendable identificar y abordar estos factores antes de la cirugía.

¿Hay alternativas mínimamente invasivas para todas las deformidades?

No. Las técnicas mínimamente invasivas y los abordajes laterales pueden ser muy útiles en determinadas curvas y en pacientes con buena calidad ósea, pero en deformidades muy rígidas o con gran desajuste sagital suelen ser necesarias osteotomías y fusiones más extensas con abordajes abiertos o combinados.

¿Cuánto tiempo durarán los implantes?

Los implantes están diseñados para ser permanentes, pero su comportamiento a largo plazo depende de la calidad del hueso, del grado de corrección y de las cargas a las que se somete la columna. Si la fusión consolida bien, es poco frecuente que se tengan que retirar, salvo por complicaciones concretas.

 

Glosario

  • Deformidad toracolumbar: alteración de la alineación de la columna en la zona de transición entre la región torácica y la lumbar.
  • Escoliosis degenerativa del adulto: curva lateral que aparece o progresa con la edad por desgaste de discos y articulaciones.
  • Cifosis: aumento de la curva hacia delante de la columna dorsal o toracolumbar.
  • Equilibrio sagital: alineación de la columna vista de lado, relacionada con la capacidad de mantenerse erguido sin esfuerzo excesivo.
  • Fusión vertebral: unión permanente de varias vértebras mediante injerto óseo e implantes.
  • Osteotomía: corte controlado del hueso para corregir una deformidad rígida.
  • Pseudoartrosis: falta de consolidación de una fusión, que puede causar dolor y fallo de implantes.
  • Programa ERAS: conjunto de medidas antes, durante y después de la cirugía para reducir complicaciones y acelerar la recuperación.

 

Referencias

Este artículo se basa en guías clínicas y revisiones recientes sobre deformidad espinal del adulto y cirugía de columna. Algunas referencias clave son:

  1. North American Spine Society. Clinical Guidelines for the Diagnosis and Treatment of Adult Spinal Disorders. NASS; 2021–2024. Disponible en la sección de Clinical Guidelines de NASS.
  2. NICE. Lateral interbody fusion in the lumbar spine for low back pain (IPG574). National Institute for Health and Care Excellence; última revisión 2017, información actualizada para pacientes y profesionales.
  3. Akıntürk N, et al. Complications of adult spinal deformity surgery: a literature review. 2022. Revisión de más de 26.000 pacientes con tasas globales de complicaciones médicas y mecánicas.
  4. Arora A, et al. Preoperative medical assessment for adult spinal deformity surgery. 2023. Revisión de factores de riesgo para complicaciones perioperatorias en deformidad adulta.
  5. Fujii T, et al. Enhanced Recovery After Surgery Protocol in Patients With Adult Spinal Deformity: systematic review and meta-analysis. 2025. Análisis de programas ERAS y su impacto en complicaciones y estancia hospitalaria.
  6. Berven SH, et al. Late Complications and Adverse Events in Adult Deformity Surgery. 2025. Revisión de complicaciones tardías, fallo de implantes y necesidad de reintervención en cirugía de deformidad.

 

Este contenido tiene fines exclusivamente informativos y no sustituye en ningún caso la valoración individual por parte de profesionales sanitarios cualificados. Ante cualquier duda sobre tu situación, consulta con tu médico de familia o con un especialista en columna.